Texto y foto: Emilio Ruiz

Busqué nuevamente en la caja de herramientas y no estaba la española de 3/4.

- Freddy, ¿Tenes la de 3/4?

Sí, pero me está sirviendo me contestó.

A esas horas me preguntaba donde putas habían dejado la otra 3/4 y es que este pinche Chevy de mierda me iba atrasar, todavía me faltaba pasar por mis botas que encargué con el zapatero, sólo necesitaban una buena limpieza y como nuevas.

Aquí están! puto, me dijo en tono de broma el inche Freddy, quité los baleros los cuales engrasé rápidamente.

Mira prefiero que lo termines el lunes a que intentes dejarlo al chingadazo, me dijo el Maestro, la verdad me sentía muy comprometido en siempre terminar mi trabajo, si empiezas hacer las cosas a medias comienzas a chafear y ya se jodió la cosa, pero pensaba en las botas y en la pinche Guera.

Calculé cuanto faltaba pal Chevy, ni pedos lo termino y llego seguro a la segunda tanda.

Pasaron 2 horas terminé el Chevy, quedó al pedo, me dijo mi patrón el Maestro, y me fuí en chinga para pasar por mis botas ya me las tenían bien limpias y curadas, unas chuladas de botas con punta de plata y piel de culebra Nauyaca.

En casa me desnudé y me fuí pal tanque a bañarme ya tenía en cama mi ropa bien planchada, bien chingona. Antes de cambiarme me engomé el pelo, eso es importante debe quedar al pedo para apantallar en la pista, con suerte y bailaré con la Guera.

Puta madre, está hasta la madre, tendré que dejar mi Vocho en este lado, bien oscuro el lugar espero no me lo chinguen. Por fin llegué a la entrada del salón pagué la cuota y ya estaban en chinga bailando al parecer comenzaba la segunda tanda.

Saludé a los mismos de siempre y luego luego se me fue la mirada a la pista, ahí en su lugar glorioso como diosa estaba la Guera.

Como siempre bailando, sus piernas largas su gran culo, sus tetas de la medida exacta su carita hermosa y esos grandes labios parados, na más de verla comenzaba a sudar, pedí mi ampoyeta el Juani me sirvió mis 2 solecitas con cacahuates de entrada.

La tomé por la cintura la música de banda no paraba su rítmazo, sentí su aliento cerca del mío, al instante sentí un calor que recorrió mis piernas para terminar en mi bragueta, debía guardar la compostura y meterle ritmo al asunto, no podía creerlo ahí estaba frente mío, bailando conmigo la Guera, sentía en mis manos y mis piernas unos músculos firmes, su pantalón pegado me confirmaba como siempre lo buenísima que estaba, ya no quise verla, mejor me acerco a su cachete.

¿Qué? otra chela?, me despertó el pinche Juani!!, veeerga me asustaste!!! rola otras chelas pues y más cacahuates.

La Guera seguía bailando con ese pinche cara de indio Chamula (mi compañero), habiendo tanto galán como jodido es que anda con ese wey tan naco, es que ta jodido el wey. Llevo tres sábados intentando decirle a la Guera que baile conmigo pero esa tremenda mujer solo se la pasa en la pista de baile, jamás se sienta.

Su ropa le queda tan bien, su pintura, su pelo pintado de Guera, su blusa violeta, su pantalón negro y esas zapatillas brillosas plateadas la hace una diosa se mueve y se sacude al rítmo de la banda violentamente me excita.

Llevo como unas 30 chelas, y tengo un chingo de ganas de ir al baño, pero me da miedo, si voy y ¿si por fin decide la Guera ir a sentarse?, no me lo perdonaría, tengo que aguantar.

Juani!!! dame otra!! y más cacahuates.

Jamás visitaría este lugar, pensaba mientras me abría la bragueta para orinar, estos pinches baños apestan a limón exprimido mezclado con orín de borracho, el Juani no es más puto porque no tiene más culo, y el lugar tiene un calor de los mil infiernos lo único que lo hace soportable es la música de banda, las chelas y cacahuates y sobretodo la Guera.

Llegué de nuevo a mi mesa donde ya me esperaba mi chela con más cacahuates, en eso recordé a la Guera y mis ojos comenzaron la busqueda en la pista. No mames wey!!! no está... Me levanté de la silla, otra vez busqué con la mirada y luego miré en cada mesa del "Salón La Maroma" y nada, pero en realidad estaba en la pista pero no bailando, estaba hablando con el pinche cara de indio Chamula, eso era algo increíble, no estaba bailando, continúe observando y de pronto sucedió!! ella se aventó el pelo a un lado y se fue caminando a una mesa, atrás como perro faldero venía también el carota de Chamula.

Hola, le dije ni bien había llegado a su mesa, al parecer no me escuchó, repetí el saludo.

Hola, el único que me miraba era este zotaco jijo de la chingada, Hola mi nombre es Víctor.

La Guera volteo y me miró a los ojos lo único que preguntó es si bailaba, apenas le dije que sí, se levantó me agarró de la mano y me llevó a la pista de baile.

No podía creer lo que sucedía, después de tanto tiempo de intentar bailar con la Guera, y ya era una realidad, debía concentrarme, debía de bailar chingonamente, afortunadamente llevé mi esclava de oro y mi cadena de oro además traía destapada la camisa, yo sé que caerá conmigo.

Bailamos una hora, luego media hora más y ahí la tenía en mis brazos sacudiendo su macizas piernas cerca a las mías, sus tetas, su boca roja roja, sus ojos que siempre veían a no sé donde, es hora, me dije, me acerqué a su oído.

- Me gustas un chingo

Sigue bailando fue lo que contestó y claro porsupuesto le obedecí, habían pasado 4 horas y continuábamos bailando, estas pinches botas ya me estaban jodiendo los pies, la cadena rosaba mi pecho lleno de sudor.

Levanté la mano otra vez y por fin me vió el Juani, le pedí 2 cervezas, ella no la aceptó, así que me quedé con las dos en ambas manos.

Bailando, bailando, me aventé otras 30 cervezas, ya había perdido la noción del tiempo, 6 o 7 horas bailando no lo sé, tenía unas ganas tremendas de orinar, mi pecho me ardía, los pies me dolían las putas botas jodidas lastimando mis pies en cada paso y la Guera seguía bailando.

De plano le quería decir, que fueramos a otro lado, anhelaba antes que todo ir a orinar, y quitarme las botas y esta pinche cadena y acostarla en mi cama y tocar su pierna, morder sus labios pero me aguanté.


- Guera me pasas un chingo, vamos a mi casa

No, a mí me gusta bailar, ¿Quieres seguir bailando?

Claro que sí!!, quiero seguir bailando y quiero más cervezas y quiero orinar y quiero quitarme esta puta cadena y estas condenadas botas, además nunca me había puesto a pensar que la pista siempre estaba hasta la madre de gente y que el lugar era un infierno todo cerrado y sin ventiladores, pero era mil veces más infierno entre esta gente y la puta Guera que no dejaba de bailar.


Me detuve, me bajé el cierre me saqué la verga y le dije: Guera, lo único que deseaba en mi vida era llevarte a mi cama y hacerte el amor, fue lo que alcancé a decirle antes que ella me dejara después de darme mi cachetada justo cuando le aventé el chorro de orín caliente a su pantalón pegado.

Cómo eres de pendejo, dejaste la llave española de 3/4 justo cerca de la batería del Chevy por poco se nos incendia, te dije que lo terminaras hoy.

Desde entonces odié la música de banda, las chelas y los cacahuates, pero extraño a la Guera.

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Vaya!!, cuando te das cuenta entre más edad tienes menos duran los años y más rápido pasa el tiempo, lo siguiente lo escribí el 20 de octubre de 2005.



*Foto tomada de Dream of arlequin

Nahum me dijo:

Mira te voy a decir cosas que no verás en la tele ni escucharás en esos programitas pendejos de gente que se viste de lentes de pasta, sacos de pana con parches en los codos, que hablan acerca de cómo mejorar al país y que por la mitad de tiempo de lo que dicen ya les hubiera atravesado el corazón, abierto la panza y sacado las tripas.

Ya estoy harto de tener que ser malo, ¿Qué soy?, lo que son toda esa bola de weyes, Marasalvatrucha, jodidos es lo que somos, jodidos, ¿qué puedes esperar de un niño que a la edad de 12 años lo único que desea es que lo trague la tierra? a esas edad ya era odiado, violado, mordido, golpeado y aún así fuerte, no como esa bola de maricas que al perder su empleo se matan, no aguantan nada los putos.

La primera vez que sentí el calor de una mujer fue cuando a los 15 años violamos a una chavita de la escuela, la primera vez que me sentí en paz fue cuando probé esa mierda de crack, la primera vez que me sentí acompañado fue cuando me inicié en la Mara13, aquí tienes que aguantar vara, ser parte de ellos, aquí la verga te hace alinearte.

Y luego ahí ves al hijo de puta que se cree todos los pinches cuentos que pasan en la tele y que tienen su vida con casa y familia y estudios y haciendo como si trabajaran y no se dan cuenta lo mierdas que son, ahí surrados en sus muebles, pensando que ellos viven lo justo y correcto y que el gobierno tiene que hacer algo pa eso les pagan, esa clase de gente son las que más gritan cuando les muestras el fierro, toma a un millón de esa clase y no sirve para nada.

Esa gente dice que somos una gran pandilla de matones y drogadictos y que somos una gran amenaza para el país, no es cierto, nosotros somos los jodidos compa, somos los que nacimos y que no debimos hacerlo, estamos muertos en vida, lo único que deseamos es pasarla bien aquí ahora.

La mayoría de los surrados, esa gente huevona que se la pasa hablando de los problemas del país y del mundo, viendo tele y tragando como cerdos, piensan que el trabajo honesto o estudiar va a mejorar a su familia o país, tan bien pendejos, si tuvieran un pedo de inteligencia se darían cuenta que son idénticos a nosotros, violan las leyes, matan por dinero o drogas no solamente a algunas personas, sino a miles, toma a los presidentes, diputados, gobernadores, son Maras pero con chingo de pistolas, ¿Quién ha matado más gente el pinche "Oyitos" que dice que ha macheteado a 14 o el Jorgito Bush?, ¿qué me dicen de los paramilitares en la selva?.

Pa acabar con esto mi buen, Mara es igual a la Mafia Mexicana que comienza en la frontera de Guatemala y termina allá cerca de Estados Unidos esta Mafia es la Gran Familia Mexicana no hay peor modo de vida más corrupto que eso, sino hubiera sido así a mi mamá no le hubieran dado verga en vez de escuela cuando el pedazo de mierda de mi papá la violó cuando ella era sirvienta en casa de esa gente surrada con casa, carro y tele.

Lo que quiere decir también que mi mamá me hubiera criado y no regalarme. Si ves cabrón pa que esto cambie el camino corto es que nos den hierro, pero como cada día vienen más Maritas, porque cada día nace más chamaquito sin ningún futuro, pos te darás cuenta que esto no tiene fin. Ya me cansé de ser malo.



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*Retrato de Giovanni Arnolfini y esposa (1434) por Jan van Eyck



Seguro que el destino se ha confabulado para complicarme la vida.

No consigo acomodar el cuerpo a los nuevos tiempos.

O por decirlo mejor: no consigo acomodar el cuerpo al “use y tire” ni al “compre y compre” ni al “desechable”.

Ya sé, tendría que ir a terapia o pedirle a algún siquiatra que me medicara.

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los gurises (nenes).

Los colgábamos en la cuerda junto a los chiripás; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos… nuestros nenes… apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales).

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!

Sí, ya sé… a nuestra generación siempre le costó tirar.

¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables!

Y así anduvimos por las calles uruguayas guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.

¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor.

Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.

Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.

Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plast de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida.

¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!

La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza.

Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

¡Nos están jodiendo!

¡¡Yo los descubrí lo hacen adrede!!

Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo.

Nada se repara.

¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?

¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommier casa por casa?

¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

Todo se tira, todo se deshecha y mientras tanto producimos más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.

El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!

¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años!

Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon.

La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.

De por ahí vengo yo.

Y no es que haya sido mejor.

Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo” pasarse al “compre y tire que ya se viene el modelo nuevo”.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya sí era un nombre como para cambiarlo)

Me educaron para guardar todo.

¡Toooodo!

Lo que servía y lo que no.

Porque algún día las cosas podían volver a servir.

Le dábamos crédito a todo.

Sí… ya sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.

Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas de jardinera… y no sé cómo no guardamos la primera caquita.

¡¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?!

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.

El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.

Y guardábamos.

¡¡Cómo guardábamos!!

¡¡Tooooodo lo guardábamos!!

¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!

¡¿Cómo para qué?!

Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares.

Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.

¡Tooodo guardábamos!

Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.

Y las cosas que nunca usaríamos.

Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.

Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.

Cañitos de plástico sin la tinta, cañitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.

Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraran al terminar su ciclo, los uruguayos inventábamos la recarga de los encendedores descartables.

Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de paté o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.

¡Y las pilas!

Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa.

Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.

No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables… eran guardables.

¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque del Banco de Seguros para hacer cuadros, y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.

Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posamates, y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de cartas se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal.

Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos.

Así como hoy las nuevas generaciones deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada ni a Walt Disney.

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron “Tómese el helado y después tire la copita”, nosotros dijimos que sí, pero ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.

Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos.

Las primeras botellas de plástico -las de suero y las de Agua Jane- se transformaron en adornos de dudosa belleza.

Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.

No lo voy a hacer.

Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.

No lo voy a hacer.

No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.

De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.

Y yo no me entrego.

Tomado de: http://www.marcianoduran.com.uy/

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Continuamos con la señalética heroica, como la vez anterior les presentamos un bonito anuncio de guardar silencio por parte de Don Belisario Domínguez que pueden consultar aquí, ahora es el turno de la inteligente y gran escritora chilango-chiapaneca, Rosario Castellanos que les invita a todos los escritores, poetas, pintores, escultores y demás jungla artistocratica el evitar acercarse a focos y en general a cualquier electrodoméstico:

Si gustan pueden descargar la versión para imprimir y hacer un lindo anuncio de seguridad.

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