Emilio
Ideas, artefactos y cosas para construir

La Radio, entrevista a Raúl Azcárraga

Meses antes de morir, en 1971, don Raúl Azcárraga concedió la presente entrevista realizada por Felipe Gálvez y que la transcribo de la revista Información Científica y Tecnológica Vol. 6 número 89 de Febrero de 1984.

Anuncio de los cigarros El Buen Tono, publicado en 1923 Anuncio de los cigarros El Buen Tono, publicado en 1923.

Cuando inicié la radiodifusión todo era díficil. No había las comunicaciones de hoy. Sólo telégrafo y ferrocarriles. Pero éstos eran, entonces, instrumentos bajo el control del Ministerio de Guerra y Marina. Había pocos autos y la revolución estaba iniciando su marcha hacía la paz. Era el año de 1923. Para ser exacto, el 8 de mayo de 1923. De hecho, la primera emisora fue la de Guerra y Marina. Se llamaba JH y su director era un coronel de apellido Ramirez. De mi estación recuerdo, por ejemplo, que me iba a Xochimilco para tratar de captarla. Era un aparato de 50 watts. A Xochimilco me llevaba un receptor muy primitivo, de galena, que me permitía escuchar, con muchos trabajos, mi primera estación experimental de radiotelefonía. Así se denominaba entonces este sistema de comunicación.

Primer transmisor de radio de Raúl Azcárraga Raúl Azcárraga, segundo de izquierda a derecha, durante la inauguración del transmisor de 500 watts del periódico El Universal y La Casa de la Radio, 1923. Foto: archivo de Felipe Gálvez.

Había mucho entusiasmo cuando realizaba estas pruebas. Me acuerdo que me ponía los audífonos y comenzaba a localizar la señal de mi difusora. Ruidos desagradables, silbidos, explosiones ensordecedoras, rechinidos estridentes, y, de pronto, daba con la emisión. Mi alegría era enorme, pues ¡escuchaba mi estación!

Así comenzó la radiodifusión. Con experimentos de jóvenes deseosos de vivir emociones nuevas.

Debo aclarar que yo no conocía nada de esto. En mi vida hice muchas cosas. Algunas me reportaron muchas ganancias. Otras, deudas y experiencias. Creo que las segundas me fueron más útiles que las primeras.

Traje autos al país, vendí radiorreceptores, di vida a una radiodifusora, trabaje mucho, mucho. Hasta hace poco. Y no me arrepiento.

Cuento esto porque gracias a los autos llegué a vender aparatos de radio. Y traje el equipo de dos de las primeras radiodifusoras que se lanzaron al éter mexicano.

Antes que nada, debo aclarar que no fue mía la idea de abrir una radiodifusora en México. Fue uno de mis distribuidores. De Sandal S. Hodges, coronel del ejército de EUA, quien me traía las refacciones para los autos que vendía. Por cierto que todavía vive. En EUA una autoridad en aparatos de comunicación y radar.

Bien, un día de tantos llegó a mi negocio y me dijo: Don Raúl ¿por qué no se mete al negocio de la radiotelefonía? Se trata de algo nuevo. Le aseguro que si usted trae radiorreceptores a México, hará buen negocio.

Inmediatamente pensé que me hablaba de aparatos telefónicos, pero él me aclaró de qué se trataba. Me dijo: No, en esto usted mete poesía, música, canciones, anuncios, discursos, y nadie le contesta. A usted le oyen. Usted no tiene que oír a nadie.

Algo me llevó a pensar que Hodges me proponía un buen negocio, y le respondí que sí. Que me interesaba por los aparatos de que me hablaba. Sin esperar más me llevó al Campo Militar Sam Houston, ahora Randelph Field, allá por San Antonio (Texas), EUA. En ese sitio me mostraron los aparatos de radio. Me agradaron y me decidí a comprar una planta transmisora. La armaron ahí mismo, en el Sam Houston. Se trataba de un aparato de 50 watts, que fue el primero que tuve.

Más tarde me hice de una más potente, de 500 watts Con ella salí al aire, creando una de las primeras estaciones de radio en México. Se llamó CYL y su primera emisión tuvo lugar el 18 de septiembre de 1923. En realidad se trataba de la misma emisora El Universal y La Casa del Radio, pero más potente.

Señor Azcárraga: tengo entendido que la primera radiodifusora mexicana fue la CYB, que más tarde se llamó -aún se llama- XEB. ¿fue la estación de El Buen Tono, S.A., la primera de México?

No. Le diré por qué: El señor ingeniero José J. Reynoso, político guanajuatense y gerente, por aquellos días, de El Buen Tono, S.A., conoció la radiotelefonía gracias a mí. Un día de tantos le sugerí que instalara una planta de radio en el edificio de su empresa. Le hice ver que si así lo hacía podría divulgar los productos de su fábrica y premiar a sus clientes con aparatos de radio de los que yo vendía. Le dije incluso que no estaría mal ofrecer un receptor de radio -costaban entre 25 y 100 pesos- como obsequio a cambio de dar al El Buen Tono, S.A., un dterminado número de cajetillas vacías de cigarrillos de El número 12. Esta era la marca de los pitillos que le propuso para promover sus ventas y su estación. El vendería unos cigarrillos. Yo más receptores de radio. A Reynoso le interesó mi proposición y me respondió así: Oiga Raulito, me parece buena la idea. Fue así como yo traje a México las plantas de la CYB y la CYL. Traje los aparatos de las dos estaciones. Y la CYB fue la tercera o cuarta que funcionó en México. La mía, la CYL, funcionó en días difíciles. Varias veces fue cerrada, lo mismo que la de El Buen Tono, S.A. El ultimo que me la cerró fue el jefe de armas de la Guarnición de la Plaza, Arnulfo R. Gómez. Este militar sostuvo que a través de sus micrófonos yo enviaba información a sus enemigos, y me la clausuró.

Emilio