Emilio
Diseñofilia

Esferas III

Proyecto The Spheres de Amazon

Los videos que se encuentran en la lista más abajo son del proyecto de la compañía Amazon para crear tres esferas (Geodésicas) y donde van a existir plantas y un inmenso árbol traído desde varios kilómetros de distancia, es un espacio diseñado para que los empleados se reunan e incentivar la invención. Estos videos me recordaron lo que voy leyendo de Esferas III de Peter Sloterdijk (que aún no termino) y que comparto ahora pues se me hace fascinante que alguien pueda escribir así. Por cierto el proyecto de Amazon también me recordó el libro sobre Alejandro Humboldt: Invención de la naturaleza. Esferas, naturaleza, Atmoterrorismo, Amazon dice: "Ya que todos van a querer ir a trabajar a un lugar como este, se les limitará el tiempo de permanencia a cada empleado". ¿Cuántos recursos se necesitan para mantener esa esfera artificial?. Veía el pasado miércoles (que salí a la calle a buscar el camión de basura) dos ancianos que les recuerdo como agricultores, les ví allí en las bolsas de basura en la carretera pepenando envases de PET, antes pepenaban maíz, hoy envases de PET. De pronto siento que ambas lecturas tienen una conexión y cuando ví a esos ancianos establecí una conexión más cercana de todo lo que son las esferas y la naturaleza, pero ahora que escribo esto lo he perdido (Unos tan allá y otros tan acá en la esfera, en la atmósfera).

Del libro Esferas III de Peter Sloterdijk

Casi nada, y sin embargo no nada. Un algo, aunque sólo un tejido de espacios vacíos y paredes sutiles. Un dato real, pero una hechura esquiva al contacto, que al mínimo roce abandona y revienta. Eso es la espuma, tal como se presenta en la experiencia cotidiana. Por suplemento de aire, un líquido, un sólido pierde su compacidad; lo que parecía autónomo, homogéneo, consistente, se transforma en estructuras esponjosas. ¿Qué sucede ahí? Es la miscibilidad de las materias más opuestas lo que en la espuma se convierte en fenómeno. Al elemento ligero corresponde, evidentemente, la perversa capacidad de infiltrarse en los más pesados y asociarse con ellos, la mayoría de las veces fugazmente, en algunos casos incluso por más tiempo. Tierra, unida a aire, produce espuma estable y seca, como piedra de lava o vidrio con burbujas, fenómenos que sólo se consideran como espumas en la época moderna, después de que la introducción de cámaras de aire en determinados materiales duros o elásticos se convirtiera en rutina industrial. Por el contrario, agua, unida a aire, produce espuma fluida-húmeda y efímera, como la del oleaje del mar y la que se eleva de cubas en fermentación. Esta unión a corto plazo de gases y líquiedos constituye el modelo del concepto usual de espuma. Alude al hecho de que, bajo circunstancias por ahora inexplicadas, lo compacto, continuado, macizo sufre una invasión de lo hueco. El aire, el elemento incomprendido, encuentra medios y caminos para infiltrarse en lugares en los que nadie cuenta con su presencia; más aún, por su propia fuerza acondiciona lugares extraños allí donde antes no había ninguno. ¿Cómo rezaría, pues, una primera definición de la espuma? ¿Aire en lugar inesperado?.

Por su forma efímera, la espuma ofrece la oportunidad de observar con los propios ojos la subversión de la substancia. A la vez, se consigue la experiencia de cómo la venganza de lo sólido la mayoría de las veces no se hace esperar mucho tiempo. En cuanto se detiene la agitación de la mezcla, que procura la introducción de aire en lo líquido, se desploma rápidamente el esplendor de la espuma. Queda una inquietud: lo que se atreve a ahuecar la sustancia, aunque sea por poco tiempo, ¿no participa de aquello que ha de ser considerado malo y sospechoso, quizá incluso hostil? Así es como la tradición ha concebido la mayoría de las veces ese algo precario, recelando de ello como de una perversión. Como una contextura lábil de concavidades gaseosas, que triunfaran sobre lo sólido como por un golpe de Estado nocturno, la espuma se presenta como una insolente subversión del orden natural en medio de la naturaleza. Es como si la materia se hubiera extraviado y se hubiera entregado a lo estéril en saturnales físicas. No es casualidad que durante toda una era se considere peyorativamente que ha de servir como metáfora de lo inesencial y falto de solidez. Por la noche los sres humanos dan crédito a los fantasmas, en el crepúsculo, a las utopías; pero llega el despertar del mundo y el sol de la mañana, y todo eso "se deshace como espuma fatua". Es lo pálidamente ligero, lo aparentemente abultado, lo poco fiable y cambiante -un bastardo de la materia, generado por una unión ilegítima de los elementos, una superficie irisada, una charlatenería de aire y cualquier otra cosa-. En la espuma se manifiestan fuerzas impulsivas, sospechosas para los amigos de los estados puros. Si la materia compacta se aventura a espumar, tiene que incurrir en una imagen engañosa de sí misma. La materia, la matrona fecunda que lleva una vida honesta a lado del logos, pasa por una crisis histérica y se arroja en braos de la primera ilusión que se presenta. Las malvadas perlas de aire la someten a los juegos de prestidigitación más arriesgados. Espumea, se esponja, se estremece, estalla. ¿Qué queda? El aire de la espuma regresa a la atmósfera general, la substancia más solida se descompne en polvo de gotas. Casi nada se convierte en casi nada. Si la materia sólida sólo consigue embarazos falsos de los abrazos con lo inane, ¿quién podría afirmar que es algo que llega inesperadamente?

Así pues, la decepción está garntizada allí donde salta la espuma. Como antes lo ssueños no parecían representar más que un apéndice vacío de lo real, que se podía pasar por alto tranquilamente, sí, del que había que prescindir a la mayor brevead posible si se quería permanecer en la esfera de lo categorial, substancial, público, así también faltaba a la espuma todo lo que pudiera relacionarse con las esferas respetables de lo válido-duradero. La advertencia de Heráclito de sguir lo común (koínon) se consideró durante toda una era como una exhortación a amantenerse alejado de lo nocturno y sólo-privado, de lo ensoñado y lo espumoso, de esos agentes de lo no-común, no-público, no-universal. Únete al día claro, así tendrás razón. Cuando lo común se experimenta en vela, el ser se ofrece oficialmente. En la frase "Sueños son espumas" se equiparan dos tipos de inanidad. Espuma y sueño, una inesencialidad se encuadra en otra. Goethe, todavía estudiante en Leipzig, censura precozmente la "cabeza vacía que espumea sobre el trípode /Y como la pitia sueña sentencias-oráculos". La espuma es el engaño realmente existente -lo no-existente como un existente o como un simulacro del ser-, sin embargo, una alegoría de la falsedad primera, emblema de la infiltración de lo insostenible en lo sólido -un fuego fatuo, un demasiado un antojo, un gas de los pantanos, habitado por una subjetividad sospechosa.

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En el lenguaje de nuestro ensayo la interpretación de la espuma ha de negociarse bajo el nombre de poliesferología, o ciencia ampliada de invernaderos. Desde el principio tiene que quedar claro que este "leer" en las espumas no puede quedarse en mera hermenéutica, ni detenerse en el desciframiento de signos. Sólo entra en materia como teoría tecnológica de espacios humanamente habitados, simbólicamente climatizados, es decir, como instrucción científico-ingeniera y política para la construcción y mantenimiento de unidades civilizatorias, un ámbito temático que hasta ahora caía dentro de la ética y de sus ramificaciones en politología y pedagogía. La disciplina más cercana a esta teoría heterodoxa de la cultura y la civilización puede encontrarse, por el momento, en la astronáutica tripulada, pues en ninguna otra parte se pregunta tan radicalmente por las condiciones técnicas de la posibilidad de existencia humana en cápsulas que mantengan la vida.

Emilio